Desde tiempos inmemoriales han surgido inspiraciones musicales que son el producto de reacciones sociales ante un evento o cadena de eventos que ocurren de manera espontánea o por imposición de circunstancias políticas, económicas o sociales.

Las inspiraciones que sirvieron de base a muchos autores clásicos, desde los tiempos del Monje franciscano Pierlouggi da Palestrina, fueron influenciadas por el ambiente en que vivieron.

La música sacra es la que mejor objetivo ha logrado por haber sido propiciada por ordenes religiosas para ambientar sus celebraciones y entretener a reyes y caudillos.

Con el apoyo de las iglesias, desde el renacimiento, la historia viene registrando la formación de orquestas, coros y solistas de trascendencia mundial.

En la historia reciente, la buena musica del Siglo XX tiene sus raíces en ambientes de convivencia de personas con objetivos comunes.

Así surge el dixieland, que es un estilo de jazz, producto de la improvisación, pero con un capítulo histórico de por medio influenciado por la transformación social que se produjo en el sur de los Estados Unidos tras los cambios lingüísticos de su frontera sur, donde se hablaba Francés y pasó a ser posesión estadounidense luego de la venta que hiciera Napoleón Bonaparte de sus tierras en esa parte del mundo.

Emblema patrimonial

Así hay muchos casos que pueden servir de soporte para esta historia, pero en particular, la República Dominicana ha tenido una enorme influencia por un proceso de adaptación paulatina a las costumbres de otras latitudes donde existen importantes representaciones de emigrantes con costumbres y estilos regionales, según su procedencia.

El merengue se ha ido transformando por no decir deformando y solo aquellos que representan las raíces del pueblo dominicano se mantienen vigentes.

El ritmo mal llamado «bachata», pero aceptado por todos, a pesar de algunos «Mix» desafortunados, se ha ido innovando con la introducción de modernos instrumentos de percusión, mezclándose con otros de diferentes orígenes, algo que no ocurrió con el merengue a pesar de la influencia que tuvo con el folklore sudamericano y la cumbia panameña, principalmente, pero así son las cosas.

La bachata japonesa es real y en los night-clubes suizos, donde contratan bailarinas y músicos bachateros, se paran a bailar todos los comensales al escucharla.

Lo imperdonable siempre ha existido y existirá. Un exceso de celo por nuestra cultura motivó que en la dictadura que gobernó entre 1930-1961, estuviera prohibido el baile del Rock and Roll en muchos lugares, al igual que en México, para no herir con influencias extrañas la tradición musical de una nación.

Lo imperdonable de hoy en día es tener que tragarse una cosa que han bautizado como «musica urbana» con letras y movimientos irrepetibles, de lo cual se ha escrito mucho, pero no se ha hecho nada.

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