Archivo por meses: mayo 2022

Repasar la historia reciente de cualquier nación, pero especialmente de la República Dominicana, es un tema muy delicado.

Las decisiones, en la tierra de uno de los primeros en ser víctima de un cambio de nombres o transformaciones en su personalidad, sigue igual hoy en día.

Basta con recordar que al cacique Guarocuya o Huarocuya, a quien le corría por sus venas esa sangre taína que lo inmortaliza, lo transformaron en Enrique Bejo y lo apodaron Enriquillo con un deliberado propósito y así se ha quedado.

Siempre estarán sujetas a esos cambios que hacen transformar las paginas que se han escrito, sea por una sentencia de un tribunal o por una decisión simple de cualquier mortal interesado.

Lo que se puede decir hasta hoy, sobre muchos casos vistos y oídos en el debate nacional, está sujeto a que mañana empiece a bailotear en ese tipo de opinión pública que se mueve, fundamentalmente,  por intereses de ciertos sectores políticos y económicos.

En febrero de 2021, por ejemplo, la prensa nacional destacó la presencia de un ex administrador del Banco de Reservas de la República Dominicana en la Procuraduría General de la República.

Se divulgó que fue llamado para ofrecer declaraciones vinculadas a la gestión de un ex ministro de Hacienda.

No se ha sabido si el mencionado señor, además de lo dicho, fue interrogado sobre su supuesta participación en uno de los actos de corrupción mas sonoros que se empezaron a investigar al término de la gestión 1996-2000.

Se recuerda que un grupo de funcionarios de esa época fue sometido a la justicia por ser considerado responsables de una presunta estafa al Estado por DOP1,427 millones en el manejo del caso vinculado al Programa de Empleos Mínimo Eventuales (PEME) y Programa de Acción Barrial (PRODABA).

Un expresidente que tiene mucho dinero como para soportar cualquier tipo de gasto por gestiones proselitistas, pero necesita de pruebas fácticas para demostrar su alegada pobreza, debe tener suficiente responsabilidad para rebatir muchas cosas que generan noticias como las que reporta el diario Hoy del 24 de mayo de 2022:

“La defensa del coronel Carlos Piccini Núñez solicitó ayer al Tercer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional dictar sentencia absolutoria a favor de su defendido, afirmando que el Ministerio Público no pudo probar la supuesta participación de su cliente, como beneficiario de parte de los US$3.5 millones de sobornos en el caso de los US$3.4 millones que pagó la empresa Embraer en ocasión de la compra de los aviones Super Tucano que le hizo el Estado dominicano en el 2007.

Al finalizar sus conclusiones en el juicio de fondo que se le sigue a Piccini Núñez y otros implicados en el caso, el abogado Alejandro Tejada dijo que el MP excluyó las pruebas enviadas por la República Federativa del Uruguay, donde aseguró, existen las pruebas de la recepción de US$3,420,000 y su posterior destino.

«De haber sido aportadas, esas pruebas hubiesen excluido al señor Carlos Ramón Piccini Núñez de la acusación inicial, y señalado a los funcionarios públicos no militares, de haber recibido el supuesto soborno..”

En enero de 2017, Patricia Sulbarán Lovera, hizo un atrayente trabajo para BBC donde destaca con un lenguaje franco que “Tanto en Colombia como en Venezuela le llaman «arepa» a una masa redonda hecha con maíz.

Para muchos dentro de estos territorios, es un alimento indispensable.

No es la única masa redonda hecha con harina de maíz que se consume en América Latina.

De hecho, existen más variedades que reciben otros nombres, como las gorditas en México o las pupusas en El Salvador”.

Esa entrega se corona con la contundente afirmación de que “Los cronistas y los datos arqueológicos nos hablan de que la arepa es un alimento que existió antes de la llegada de los conquistadores españoles a América», y cita como fuente a Ocarina Castillo, antropóloga de la Universidad Central de Venezuela y autora del libro Los panes de esta tierra.

En República Dominicana se usa la palabra “arepa” con múltiples propósitos, pero lo que llaman “torta” en la región del Cibao y arepa en la capital se elabora con maíz y es casi lo mismo.

También existen otros alimentos a base maíz que son de primera calidad.

Tal es el caso del sabroso “chenchen” y la inigualable “arepita de burén o de manos” que elaboran artesanalmente en Bani, las arepitas fritas mezcladas con bacalao y un sinnúmero de exquisiteces incomparables.

Tenemos la obligación de hacerle saber a los consumidores dominicanos que no es lo mismo ser autosuficiente en la producción de alimentos saludables que importar harina de trigo, transformarla en pan para usarlo como materia prima en la producción de hamburguesas llenas de costosos ingredientes a base de grasas, sales y sabores engañosos para alterar el paladar de quienes las ingieren y al final se transforman en la alteración del sistema que regula los lípidos en el organismo y para luego producir insalubridades tan notorias como la obesidad y tan fatales como las muertes súbitas por excesos en el comer y en el beber.

El gobierno dominicano acaba de anunciar un plan que ha denominado “Siembra RD» como una acción encaminada a motivar la producción agrícola ante la amenaza mundial del hambre.

Esa iniciativa pudo haber empezado antes, pero como dijera un bromista amigo, «nunca es tarde si la vida es corta».

La República Dominicana de hoy está bajo el dominio lingüístico de una combinación de cantantes y compositores urbanos que usan términos raramente «entremiliaos como si fuera un zumo de apazote con cañafístola».

Han deformado la forma de bailar bachata, a los merengues típicos le han metido por el medio una cosa que le llaman «dembó» que se baila entre una muchachona meneando las nalgas y un varón sobándola por detrás.

¿Quien había visto eso en los tiempos de Siño Ambrosio?

Los diarios y algunos programas de televisión han hecho reportajes sobre el tema que incluyen escenas con la participación de niños, niñas y adolescentes exhibiendo sus habilidades para hacer competencias practicando dicho baile.

El viejo Mingo, un «jalador» de acordeón de la vieja guardia dice que  «lo’merengue de ante se bailaban «jalando pacá y empujando pallá» y  «si la mujer era pretá y uno se ponía de tracendío, la cosa no se quedaba asina, no…»

«Ahora se fuma de tó, se bebe de tó, se meten droga puyándose con una jeringa, jalan juca, güelen cemento pegasuela y poivo meclao con mile de cosa má» decía Milagro, una vieja vendedora de «mondongo sancochao», quien tuvo que dejar su profesión después de haber sido atracada por «desconocidos»  y despojada de todo lo que llevaba encima.

Las conversaciones entre viejos amigos (o amigos viejos) son anécdotas cargadas de ilustraciones de momentos vividos y análisis de  otros tipos de comportamientos, principalmente en los campos, donde se cogía lo ajeno por necesidad.

En los viejos tiempos, ladrón era quien tenía la «mala maña» de robar de manera continua y no trabajaba.

Para la sociedad, ese era un «ladronazo», «mañoso» o «tira pa’l monte».

Robar para comer era un secreto familiar que no podía comentarse con nadie, ya que generalmente, quien lo cometía, pertenecía a una familia de santurrones o quizás hipócritas que fungían de devotos de la virgencita de la milagrosa, pero no confesaban esos pequeños pecados al cura que iba, de cuando en cuando, a decir una misa en la capilla del lugar.

Si se hacía algún comentario sobre uno de esos robos para comer, se violaba  el honor y la vergüenza que supuestamente estaban por delante en todo y se recuerda la forma de echarle un boche a un muchacho que hablaba de ciertas cosas que debía mantener en secreto.

Siempre se iniciaba con un tratamiento formal de usted, que empezaba más o menos así:

– ¡Papin, venga acá! ¿Qué fue lo que uté le dijo a la vieja Chicha sobre la comía que aquí se cocinó hoy?

– Na’

– ¿Na’? ¿Y qué fue lo que yo oí «clariningo» sobre una pluma y un saco?

– Ah si, pero eso no tiene «na’que vei» con «comía».

-Solamente le dije del vajo de la pluma cuando la queman y la’ceniza se meten en un saco de «jenequén», que también se le pega fuego junto con la basura.

-Pero usté sabe bien que ese pato que se deplumó hoy lo compró Pindingo del «otro lao de la paicela de Pichilo».

-¿Entonce como fue? Primero se la de’prendieron y dipué la prendieron? Eso no se hace cuando se cocina un animai que se compra con dinero sudao gota a gota.

-No trate de enredai la cosa y vete a rezai pa’ que te acuete. ¡Buen jabladorazo! ¡Tu verá cuando llegue Pindingo!

-No tengo sueño. E’muy temprano y yo quiero ir donde Longina a buscar algo que ella me ofreció.

-Esa muchachita siempre tá ofreciendo cosa y nunca cumple. Mejor e’que no te ponga de mojiganga de esa comparona.

-Cada vez que ella me ha ofrecido algo, siempre ha cumplido.

-Yo nunca he vito un regalito de ella que tu haya traído a esta casa.

-Nunca será posible traer lo que ella me regala en el «soberao de la rancheta» de su taita.

-Ten cuidao Papín.! Ya tu ere un hombrecito y si tú le preña esa muchacha a Mongo, va’a tenei que mudaila y haceile una casita aunque sea de yagua.

Tu, ni siquiera cédula tiene. Ten cuidao, vueivo y te lo repito.

Vete a rezai pa’que te acuete, manque sea temprano y deja de daite bombo, que esa muchachita e’muy seriesita y solo se junta con la monja que vienen dei pueblo.

Esa noche, Papín no encontró a su prometida en su casa y se dirigió a la rancheta acostumbrada y tampoco la encontró allí.

Volvió al bohío y preguntó por ella. La respuesta que recibió fue muy convincente:

-Ella le dijo a su mai que iría a un ensayo para una velada que Doña Blanca estaba organizando para el día de la virgen y no quería que nadie lo supiera, porque es una sorpresa para invitar al Padre Morejón y a las monjitas del pueblo.

Así eran las cosas, pero hoy son tan diferentes que a la profesión más antigua del planeta la han convertido en un oficio remunerado con tarifas que deben ser respetadas y pagar una cuota a un sindicato.

Las que exigen sus estipendios en dólares, yipetas, apartamentos y demás facilidades cubiertas por el bondadoso que las conquista, reciben el mote de «chapiadoras», pero ese adjetivo calificativo se lo daban, en otros tiempos, a las humildes señoras que trabajaban, de sol a sol, cortando malezas con un colín afilado, en fincas y conucos rurales. ¡Abismal diferencia!